El tablero político mexicano se prepara para un sismo cuyas réplicas podrían alterar definitivamente la estructura de la llamada “Cuarta Transformación”. Bajo la superficie de la unidad oficialista, ha comenzado a circular un mensaje que, aunque sutil, lleva el peso de una sentencia: Morena está listo para buscar nuevos compañeros de viaje, y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) junto al Partido del Trabajo (PT) podrían tener los días contados como aliados estratégicos.
La mirada del oficialismo está puesta en el próximo jueves. Ese día, el Instituto Nacional Electoral (INE) definirá qué organizaciones civiles han cumplido con los requisitos de ley para convertirse en partidos políticos con registro formal. Para el Gobierno, esta no es solo una cuestión administrativa, sino una oportunidad de “limpieza” y renovación de cuadros.
La advertencia es clara: si el PVEM y el PT mantienen sus cuotas de presión o disidencias internas, el partido en el poder ya tiene bajo el brazo el “plan de recambio”.
Dos nombres resuenan con fuerza en los pasillos de Palacio Nacional y en la sede de Morena como los relevos naturales:
“Que Siga la Democracia”: Liderada por Gabriela Jiménez, esta formación no es ninguna desconocida. Fue el motor principal detrás de la movilización para la revocación de mandato y ha demostrado una lealtad absoluta y orgánica a la narrativa presidencial.
“México tiene vida”: Impulsada por el empresario regiomontano Jaime Ochoa, esta organización representaría el puente ideal con el sector empresarial del norte, un área donde el oficialismo busca consolidar influencia sin las “mañas” asociadas a la vieja guardia de sus aliados actuales.
A diferencia de la relación transaccional que Morena mantiene con el Verde y el PT —conocidos por cobrar caro su apoyo en cada votación legislativa—, estas nuevas formaciones nacerían bajo una premisa de “sinfonía absoluta”.
Históricamente, el PT y el PVEM han sobrevivido como parásitos del sistema, saltando de una alianza a otra para conservar el registro y las prerrogativas. Sin embargo, el Morena de 2024 no es el de 2018; hoy goza de una hegemonía que le permite ser selectivo.
La presión ejercida sobre sus aliados tradicionales no es un simple berrinche político; es una estrategia de purificación. Al amagar con reemplazarlos por partidos diferentes que aportaran al cambio, Morena busca eliminar el chantaje legislativo y construir un bloque de poder donde la disciplina sea la norma y no la moneda de cambio. Si “Que Siga la Democracia” y “México tiene vida” logran el registro, el PVEM y el PT dejarán de ser necesarios. Su destino, entonces, será el olvido o la irrelevancia.
El jueves no solo se votarán registros partidistas; se votará la vigencia de una forma de hacer política que parece estar llegando a su fecha de caducidad.
SG
